La Familia Cristiana

Por: Enrique A. Eguiarte B.

¿Cuándo orar en familia?

El rosario: ver a Jesús con los ojos de la Virgen.

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Un quinto momento de oración en familia, podría ser a media tarde, o bien un poco antes de la merienda. En ese momento la familia podría reunirse para rezar el rosario, o por lo menos una parte de él. Una vez más se trata de un rezo sencillo y hecho con devoción, en donde lo que se busca es no sólo meditar sobre los misterios de la vida de Cristo contemplados con los ojos de la Santísima Virgen María, sino también de hacer presente a la Madre de Dios en nuestro propio hogar, pidiéndole que nos libre de todos los males, y que nos siga protegiendo con su amorosa mano.

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Recuerdo que en una ocasión mientras daba una charla a unos profesores de un colegio de España, una de las maestras vio que yo llevaba un rosario y me pregunto:

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-¿Todavía se sigue rezando “esto”?

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Yo le respondí con paciencia:

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-“Esto” se llama rosario, y por supuesto que se sigue rezando dentro de la Iglesia católica.

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-Yo le preguntaba- me dijo la profesora-, porque yo veía que mi abuelita lo rezaba, pero no he vuelto a ver a nadie desde entonces que lo rece…

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Yo entonces le expliqué a la maestra cómo se rezaba, las partes que tenía, e incluso le regale aquel rosario.

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En un primer momento, el rosario nos puede parecer algo anticuado, largo y aburrido pero con el paso de los días, la misma costumbre familiar nos ayudará a descubrir sus riquezas, los dones y las bendiciones que Dios concede a las familias que lo rezan. Como proceso pedagógico sería muy conveniente comenzar rezando una parte del rosario, por ejemplo uno o dos misterios. Posteriormente, con el paso del tiempo se puede ir añadiendo más, hasta que se recen los cinco misterios completos, y el mismo rezo se vuelve una costumbre y una tradición familiar. Antes de comenzar el rezo del rosario en familia se puede hacer una oración sencilla como la que te sugiero al final de este artículo.

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El uno por ciento de tu tiempo.

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Este sería el quinto momento de oración en el que nuestras familias se pueden reunir a lo largo del día para orar. Todavía nos faltan otros dos. Alguno podría pensar al respecto:

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-¡Es que son muchos momentos de oración!

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Creo que Dios nos regala cada día 24 horas para nosotros solos, nosotros le deberíamos devolver un poco de ese tiempo al Señor. Vamos a ver. Cada día tiene veinticuatro horas, si las matemáticas no fallan, 1440 minutos. No estaría nada mal que le diéramos a Dios por lo menos un uno por ciento (1%) del tiempo de nuestro día, es decir, 14.40 minutos. Este es el tiempo que muchas personas invierten en hablar con un amigo, o bien en caminar hasta la tiendita o cafetería, y tomarse tranquilamente un café o un refresco.

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Realmente no es nada dedicarle a Dios esos 14.40 minutos al día, además de que este modo, le podemos mostrar nuestra gratitud a Dios por todos los beneficios que concede a nuestras familias y a nosotros mismos en particular. San Agustín decía que quien agradece lo poco, Dios lo admite a lo mucho (s. 283, 3). Si agradecemos las cosas pequeñas que Dios nos da todos los días, nos disponemos y capacitamos para recibir cosas más grandes de parte de Dios, pues “quien es agradecido, será bendecido”. Así, pues pueden parecer muchos momentos de oración, pero en realidad son pocos, si consideramos que todo en nuestras vidas personales y en la vida de nuestras familias, procede de la mano amorosa de Dios y es un don de Dios.

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Orar en la merienda, momento de encuentro.

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Sería el de la bendición de la mesa, cuando la familia se reúne para merendar. Una vez más, se puede hacer de una manera sencilla, con el rezo de un padre nuestro, o bien usando, de nuevo las tarjetitas u otras oraciones en la que los hijos pueden también participar. Una oración parecida a la que te sugiero al final de este artículo. Este momento del día es singularmente importante, pues es el momento de compartir juntos las experiencias del día, y a la vez de planear el día siguiente, de tal forma que todos sepamos las cosas que pasan en la misma familia, y estemos enterados de los acontecimientos y noticias, para que nadie se sienta excluido del núcleo familiar.

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Family Saying Grace Before Eating Lunch Together In Kitchen

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La acción de gracias al fin del día.

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Y como el día se va terminando, llega también el último momento de oración, el séptimo momento. Este sería cuando ha llegado el final de la jornada, y es hora de ir a descansar. En este momento se trata de poder orar unidos una última oración, o bien que los padres puedan ir a la habitación de sus hijos, si estos son pequeños, y orar con ellos junto a sus camas, pidiendo a Dios un descanso sereno, el verse libres de todos los males siempre, y en especial durante la noche, y agradecer al Señor por el día que se ha terminado. Puede ser una oración sencilla, como la que te sugerimos al final de este artículo. Si los hijos son demasiado pequeños, se pueden usar no sólo las oraciones más clásicas y hermosas, compuestas especialmente para los niños (“Ángel de mi guarda…”), sino también el Padre nuestro y el Ave María.

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Si los hijos ya son mayores, o bien los padres ahora están solos, porque los hijos ya han formado sus familias, te sugiero que hagas este último momento de oración del día con la Sagrada Escritura. Se puede leer un texto de la Biblia (posiblemente el Evangelio del día siguiente), y después tener un momento de silencio para meditar y reflexionar sobre el mismo, dejando que la palabra de Dios entierre tierra buena en  nuestros corazones (Mt 13,8), para que así, mientras dormimos, la palabra de Dios vaya creciendo en nuestro interior, sin que nosotros sepamos cómo (Mc 4, 26-27). Después del momento de reflexión en silencio, se puede compartir en familia lo que hemos meditado, o simplemente terminar el momento de oración con la breve plegaria que te sugiero al final de este artículo.

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Para empezar basta comenzar…

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Y es posible que algunos lectores llegados a este punto, todo lo anteriormente dicho les parezca muy bien, pero es posible que se hagan una pregunta esencial y muy válida:

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A todo esto, ¿cómo se hace? ¿Cómo hacerlo si no tenemos la costumbre de orar en familia, y nunca se ha hecho?

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Yo diría que nunca es tarde para empezar (“nunca es tarde si la dicha es buena”, dice el refrán), y que basta simplemente empezar, es decir, que un día los padres se pongan de acuerdo, y oren con sus hijos en los momentos que hemos señalado. Que sean constantes y perseverantes, pues no sirve de nada hacerlo una semana, y después olvidarse de ello. Hay que ser perseverantes, pacientes, no esperar ver los frutos, pues los frutos tardan a veces muchos años en llegar. Lo importante es sembrar. Una persona que ha tenido raíces profundamente cristianas, aunque en un momento determinado de su vida se haya alejado de Dios, sin duda ninguna, regresará al camino, ya que después de los momentos de “éxtasis y búsqueda de placeres”, se llega a momentos de vacío y reflexión, de tocar fondo, como le pasó al hijo pródigo (Lc 15, 16-18). Es entonces cuando florecen las profundas raíces cristianas, y lo que sembró en la niñez y adolescencia. Por eso, es deber de los padres ser muy pacientes y perseverantes, sabiendo que les toca la dura labor de sembrar. Con el paso del tiempo, en ocasiones después de años, vendrá el momento de cosechar…

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La oración continua.

Y permítanme que antes de terminar, les recomiende un momento continuo de oración para cada uno de nuestros días. Un tipo de oración que cada uno de os miembros de la familia puede hacer, independientemente del lugar en el que se encuentre, y sin importar lo que esté haciendo. Se trata de la oración breve de elevar nuestro corazón a Dios por unos segundos con un recuerdo enamorado de Dios, o bien con una breve jaculatoria, una breve frase, que podemos repetir en nuestro interior en diversos momentos del día, que nos ayuda a mantener la presencia de Dios, y a recordar a Dios a lo largo de la jornada, de tal manera que los otros momentos de oración quedan integrados y cohesionados por esta oración, en la que nuestra mente se eleva continuamente hacia Dios.

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Por supuesto que no se trata de oraciones largas, sino momentáneas, instantáneas, en las que puedo repetir interiormente una frase breve del Evangelio, o bien de mi propia devoción y al repetirla en mi interior, me invita a elevar el corazón hacia Dios, a renovar la consciencia de que estoy en la presencia de Dios, y de que su mano paterna y poderosa me guarda, me cuida y me protege. Con esa oración breve y sencilla, también renuevo la consciencia de que Dios protege y cuida a todos los miembros de mi familia en esos momentos. Frases breves como: “Tu Señor eres nuestro refugio y nuestra fortaleza”, o bien “Señor Jesús, en Ti confió”, y cómo éstas, otras muchas frases más, que la devoción popular, bíblica o familiar nos pueden sugerir.

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Esta oración continua de renovación del recuerdo de Dios, nos puede ayudar a evitar vivir días “casi paganos”, en los que sólo nos acordamos de Dios en los momentos de oración establecidos, y sobre todo le puede dar unidad a las diferentes oraciones que hacemos a lo largo del día.

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Por todo ello, yo les invitaría a que se atrevieran a hacer la prueba. Estos siete momentos de oración al día nos van a quitar muy poco tiempo, y creo que le pueden redituar a nuestras familias muchos beneficios espirituales y humanos. No lo olvidemos, la familia que reza unida, se mantiene unida y reunida en el nombre del Señor. 

 Niño ESPECIAL orando 2

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