Érase una Vez...Una Familia

Érase una Vez…Una Familia

Hace algunos años, cuando no teníamos internet, videojuegos ni juegos electrónicos, los adultos de la familia disfrutaban sentarse con los hijos o los nietos para conversar, intercambiar opiniones, cantar o tocar un instrumento, o simplemente para rezar o leer un cuento. Hoy en día hemos avanzado a pasos gigantescos en la tecnología, y muchos de esos nexos y vínculos han cambiado de manera radical, deteriorando la convivencia y la comunicación familiar.

Cuántas veces, estando sentados en familia comiendo vemos a nuestro hijo adolescente entretenido con su teléfono mandando mensajes. Y nosotros mismos, sin ir más lejos, hablando por celular, olvidando que las personas que están junto a nosotros merecen toda nuestra atención y respeto. Cuántas horas dedicamos a ver videos y chistes ó a contestar nuestra correspondencia en la computadora, mientras nuestro hijo o cualquier otro miembro de la familia, está esperando a que alguien lo escuche. Muchos especialistas han repetido incansablemente que la tecnología nos acerca a las personas que se encuentran lejos, pero nos aleja de las que se encuentran a nuestro alrededor, porque no les prestamos atención. Actualmente ¿cuántos padres se toman el tiempo para contar a sus hijos historias familiares, costumbres de otros tiempos, recetas culinarias, o compartir juegos de mesa? ¡Y habría que preguntar también cuántos adolescentes o niños conceden a sus padres el tiempo para estar con ellos de manera comprometida! Antes existía la intimidad que, como red protectora, guardaba la información dentro de la familia. Esta intimidad era necesaria para preservar sentimientos profundos de algunos miembros de la familia y se abría esta información gradualmente cuando así se necesitaba.

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Ahora muchos jóvenes utilizan el internet y las redes sociales para comentar acontecimientos de su familia y ya no se diga los programas de televisión que nos enseñan en vivo y a todo color historias íntimas. Esta difusión masiva muestra que el valor de preservar los sentimientos está perdiendo peso, y esto necesariamente genera una dispersión del sentido de identidad y de pertenencia que es tan importante en una familia. Cada familia genera un sentimiento de pertenencia, gracias al conocimiento de sus orígenes, desarrollo, y cotidianidad compartidos, y esto mantiene unidos a todos los miembros.

comunicacion en familia

En el siglo XXI, la tecnología implementada en cada centímetro de la vida humana invade el entorno de acción de cualquier relación que emprendemos, cada expectativa que acariciamos, y cada momento que vivimos. La tecnología es ahora la constante de nuestra vida diaria y además nos enseña, que lo que hoy es importante, mañana es obsoleto y por lo mismo tiene que ser substituido. Ahora todos queremos la última novedad tecnológica, aunque muchos no la sepamos usar, y nuestra pertenencia e identidad corresponde a marcas, modelos, productos o servicios. La tecnología diseñada para simplificar y servir al hombre, ha tomado dimensiones incalculables y se ha pervertido esclavizando a muchas personas, sobre todo niños y jóvenes. Por lo mismo es importante que los padres de familia utilicen la tecnología como una ayuda, pero sin dejar a un lado la cercanía de las relaciones familiares, aprovechando la convivencia para estrechar lazos de comunicación, como sería por ejemplo relatar ó escribir un cuento, en el que todos los miembros de la familia participen añadiendo sabor al relato y que podría empezar así:

“Erase una vez una familia mexicana que vivía contenta, aunque los problemas no faltaran, porque compartían sus planes y ensueños con el padre, la madre, los hijos, una perrita y un gato. Ellos comían juntos, podían platicar de lo que les preocupaba, solían abrazarse y acompañarse cuando estaban tristes, y alegrarse cuando algún miembro de la familia estaba contento. Los domingos salían juntos, iban a Misa, al parque a jugar y visitaban a los abuelos. Tenían tele, y una computadora, además de uno que otro celular, pero se daban tiempo para compartir sus sentimientos con el resto de su familia. Y sus amigos siempre eran bienvenidos, porque en esa familia se podía platicar. Y aunque no vivieron siempre felices (porque eso si sería un cuento), al paso de los años esta familia tendría un final feliz.”

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